viernes, 3 de abril de 2026

Politica e Inmediatez

Política e inmediatez: el alma humana en tiempos de vértigo

Vivimos en una época en la que todo ocurre demasiado rápido. Las noticias, las reacciones, los juicios y las disculpas parecen sucederse en un mismo instante. La política no ha quedado fuera de ese torbellino: hoy se gobierna, se opina y se juzga con la misma velocidad con la que se desliza un dedo por una pantalla. Pero, en medio de tanta urgencia, surge una pregunta inevitable: ¿dónde queda el alma humana?

Durante mucho tiempo la política fue un espacio de reflexión, de debate, incluso de espera. Las decisiones pasaban por la discusión y la maduración de ideas. Hoy, en cambio, pareciera que la mayor virtud de un dirigente es la rapidez con que responde a un comentario o publica un mensaje. Se ha instalado una lógica donde el silencio se interpreta como debilidad y la pausa como falta de convicción. Sin embargo, muchas veces la verdadera fortaleza está justamente en lo contrario: en tomarse el tiempo de pensar antes de hablar.

Esa velocidad permanente genera una paradoja. Nunca hubo tanta comunicación y, al mismo tiempo, tanta incomunicación. Nos enteramos de todo, pero comprendemos poco. Opinamos sobre todo, pero escuchamos poco. En ese ruido constante, lo humano —la empatía, la paciencia, la mirada hacia el otro— se vuelve un lujo. La política, que debería ser el arte de unir, termina atrapada en la lógica del impulso.

Es cierto que los tiempos cambiaron. Las redes sociales abrieron nuevos canales de contacto entre los representantes y la gente. Pero ese contacto, si no se cuida, corre el riesgo de volverse superficial. Lo importante no debería ser solo “estar presente” sino estar de verdad: escuchar, entender, acompañar. Y eso requiere tiempo, algo que la inmediatez moderna parece querer borrar.

Dostoievski escribió que “el secreto de la existencia humana no solo está en vivir, sino también en saber para qué se vive”. Tal vez la política debería preguntarse lo mismo. No basta con reaccionar ni con “estar en el tema”; hace falta sentido, propósito y alma. La gente no busca solo respuestas rápidas, sino también gestos sinceros y convicciones que resistan la moda del momento.

Cabe destacar, lo excluido que ha quedado el interior del país, no solo a nivel político sino también en avances tecnológicos; teniendo en cuenta que esto ha sido siempre así. Pareciese que a través de del mundo virtual se ha acercado el mundo de la capital al resto del país, lo que no se ve reflejado de la misma forma en la gente. Por eso a veces algo tan sencillo como tener presencia institucional en los departamentos, podría cambiar la dinámica de atención y conocimiento con y para la ciudadanía.

Recuperar la pausa, la palabra con peso, la acción con intención, puede parecer algo menor, pero es una forma de resistencia frente a un tiempo que todo lo acelera. La política necesita volver a tener alma, porque sin alma no hay rumbo, y sin rumbo solo queda el vértigo.


Esequiel Odizzio


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