La Censura
“La censura consiste en la eliminación o modificación de un material artístico o de comunicación (como un texto, una película o una imagen) cuando es considerado por las autoridades como ofensivo, dañino, inconveniente o contrario a la moral pública. A quienes ejecutan la censura se los conoce como censores. Este mecanismo es considerado una forma de represión o control que atenta contra la libertad de expresión y que se puede ejercer por motivos ideológicos, políticos, religiosos o morales”. Concepto estrictamente técnico.
“Voy a encaminarme a mi objetivo. Despejaré mi camino de los indecisos y remolones. Así mi marcha habrá de ser su marcha fúnebre”. Mis animales - “Porque más peligroso me ha resultado vivir entre los hombres que entre los animales”
El concepto de censura suena muy encantador cuando se lee; no suele ser del mismo modo cuando es aplicado, pero aplicado de manera injustificada, o al menos el que es censurado piensa que padeció este acto sin justificación.
Es decir, este suele ser el error más común en los censurados, creer que no existe un fin. Por el contrario, siempre lo existe. Sea de la índole que sea.
Ahora bien; qué ocurre cuando la censura proviene desde la conveniencia (como suele ser) de los que promueven información, así sea escrituras, periodistas, mejor dicho, comunicadores, etc.
Esto es, naturalmente un acto nefasto por quienes lo ejecutan. Pierde toda credibilidad y sentido de vocación. Porque es como vender la dignidad y profesionalismo (si es que lo hay). ¿Qué puede valer influenciar a un “comunicador? - ¿dos mil dólares?, por dar un ejemplo. En ocasiones mucho menos. Una simple palmada en el hombro es más que suficiente y “anda, hace lo tuyo”.
Esta falta de personalidad, originalidad, etc. Se ve con mucha más frecuencia cuando uno presta atención.
Cuando vemos notas, por ejemplo, los comunicadores dejan entrever sus inclinaciones o miedos, por tildarlo de una forma distinta; porque censura también es, informar mal a la gente, no hacer las preguntas indicadas, entre otras tantas. Porque es muy lindo, sí, decir lo que uno quiere decir, condicionado por supuesto, y escuchar por añadidura lo que va a escuchar. Parecería ser que se ha instalado el miedo. Miedo a no poder expresarse libremente, a no poder preguntar libremente, a no poder ser... libremente. Pero ese miedo no radica de la nada, sino que fue instalado a través de la manipulación, la presión, amenazas, etc.
“Esas almas vaciadas, gastadas, apolilladas y oxidadas”. ¿Cómo podrían soportar? Pasando así, por entre las multitudes. Porque así no hay nada que ganar y todo que perder. Eso es caminar entre fango.
Esta ciudad es el infierno de los pensamientos de solitarios, aquí los grandes pensamientos son cocidos vivos y se reducen a cenizas. Aquí se pudren todos los grandes sentimientos, aquí solo se admiten sentimientos flacuchos y raquíticos. Todos están enfermos e infectos de opiniones públicas. Esta ciudad no es para héroes solitarios. “no existe el cielo aquí”.
Comunicar, escribir, brindar información, inevitablemente requiere cierta responsabilidad, cierta cuota de credibilidad. Porque se está a un paso de traicionarse a uno mismo, mintiendo a los demás, teniendo en cuenta que mentirle a los demás es, mentirse a uno mismo. La mala influencia, las órdenes y el miedo a la hora de comunicar o brindar una información siempre va a existir, porque la censura está allí, acompaña, nunca duerme.
La ética y la moral juegan un papel preponderante (en quienes la tienen), porque es inadmisible como se puede observar que, quienes tienes potestades de protagonizar el papel de comunicadores, censuren a quienes se expresan de manera diferente. Este tipo de conveniencia es monstruosa, lapidaria, de las peores. Eso es, dejar entrever la pobreza del alma y la falta de alfabetización intelectual. Porque luego sus palabras necias los perjudican, incluso cuando tengan razón. Parecería ser que todas las fuentes se han secado y hasta el mar ha retrocedido.
Porque cuando la palabra es vigilada, también lo es el pensamiento. Y cuando el pensamiento se reduce, el hombre deja de ser un sujeto para convertirse en un eco. Allí es donde la censura alcanza su forma más perfecta: no cuando prohíbe, sino cuando logra que nadie quiera decir. En ese punto, ya no hacen falta censores visibles, ni órdenes explícitas; basta con el silencio aprendido, con la autocensura disfrazada de prudencia. Y ese es, quizás, el triunfo más oscuro de todos: haber convencido al individuo de que callar es una forma de sobrevivir, cuando en realidad es una forma de desaparecer.
En consecuencia, cuando se pone sobre la mesa un tema que no podemos abarcar y ser objetivos, es mejor dejarlo ir. Porque ser, es ser diferente. Aunque algunos, pronto vuelvan a someterse y seguir el rebaño de lo moral, de la ética que conviene.
Es por ello que, tenemos por un lado a los exiliados, los que se atrevieron a preguntar y o cuestionar. Un alto precio tuvieron que pagar por el simple hecho de expresarse con un criterio propio, siendo fieles a sus convicciones. Los censores se encargaron de silenciarlos de una vez y para siempre, en actos crueles e injustificables.
ESTOS VALIENTES Y ONRADOS, QUE CADA MAÑANA REALIZAN ESTA TAREA, MUCHOS DE ELLOS, QUE ARRANCARON DESDE ABAJO, COSTEAN SU PROPIO TRABAJO, ELLOS, COMUNICADORES, PERIODISTAS, ESCRITORES, ETC QUE, COMO HAN PODIDO LO INTENTARON, LO INTENTAN Y LO SEGUIRAN INTENTANDO, ELLOS SON VERDADERAMENTE MARABILLOSOS.
Y... “así hablé, cada vez más bajo, pues tenía miedo a mis propios pensamientos, expresos o enigmáticos. Entonces, de pronto, oí a un perro aullar, muy de cerca”.
Porque muchas veces, sí, los gestores del mal están directamente ligados a quienes los patrocinan, dirigen y ordenan que es CENSURABLE Y QUE NO.
La censura es realizada principalmente por autoridades, instituciones, organizaciones privadas, grupos de poder y también de quienes “comunican”. Es por esto por lo que, debemos defender ferozmente la libertad de expresión, considerando la censura como un acto de deshonestidad intelectual y una sumisión al poder. La verdad y la libertad son inseparables.
“La intolerancia llegará a tal nivel que, las personas inteligentes tendrán prohibido pensar para no ofender a los imbéciles”.
La censura no resuelve el problema: lo desplaza. Al eliminar voces, genera un vacío informativo que debilita la confianza y fortalece la sospecha.
Esequiel Odizzio
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