miércoles, 1 de abril de 2026

Libre Albedrío

Libre Albedrío

Dedicado a la sosiegada paciencia de Laurita.

 

Debemos comenzar este breve relato con lo estrictamente técnico en cuanto a la definición de libre albedrío, si es que tiene una específica. En este caso nos vamos a centrar en la definición más aproximada desde el punto de vista religioso. Muchas religiones sostienen que es parte de su dogma, permitiendo a los individuos ser responsables ante Dios*. También se dice que tiene la capacidad de elegir un curso de acción. Dios otorgó libre albedrío a los seres humanos la capacidad de elegir entre el bien y el mal**. Ahora bien, podemos observar lo contradictorio que estos términos pueden llegar a ser. *En la medida que Dios Todopoderoso nos indica que somos responsables ante Él, ya no somos tan libres. **Suponiendo que realmente el ser humano tiene la potestad tal como lo plantea el mismísimo Dios Todopoderoso, ¿cómo podríamos explicar las preguntas más frecuentes? ¿Cómo se explica entonces una persona sin sus facultades mentales medianamente centradas es capaz de distinguir entre el bien y el mal? ¿O quizá también un alma aún no desarrollada? Debemos asumir que Dios Misericordioso tiene un plan para estos seres. Pero, ¿por qué Dios calla así? Pues ante Dios más que el problema de la libertad, hay un problema del mal. O bien somos libres y Dios Todopoderoso es responsable del mal, o bien somos libres y responsables pero Dios no es todopoderoso. Jamás ha existido un pueblo sin religión, o sea, sin un concepto del bien y del mal. En la búsqueda de Dios, el objetivo de todo movimiento popular, todas las naciones en cualquier periodo de su existencia se reducen a la búsqueda de Dios, de un Dios propio, infalible, y a la fe en Él como único y verdadero. Lo que nos hace pensar que cada nación, cada individuo, ha de tener su propia identidad, cuando los dioses comienzan a ser comunes, ello es indicio de la destrucción de las nacionalidades. Para creer en Dios, hace falta un Dios. Parece ser que éste nos dejó el libre albedrío y también la fe, aún cuando lo mejor de lo mejor del amor siempre se lo quedó para Él. Silencio ante el dolor, porque ha de transcurrir mucho tiempo antes de que nuestra mente se persuada de que aquel a quien veíamos cada día y cuya existencia misma parecía formar parte de la nuestra, se ha marchado para siempre, que el brillo de la mirada amada se ha extinguido y que el sonido de aquella voz tan familiar y querida al oído ha sido silenciada y jamás volverá a oírse. En este caso debemos acudir al indulto del Todopoderoso a que se apiade el sufrimiento de nuestra alma, si es que en ocasiones Dios hace movimiento del alma al mal que padecen los demás. O reconocer que el sufrimiento es parte sustancial de la vida y sin él la misma quedaría incompleta. ¿Tampoco aplica para Dios que cuanto más grande y ostentosa es la generosidad del hombre, tanto mayor es la dosis de egoísmo que contiene? De este modo se sigue el desencanto. Hay que recordar que no en vano la gente vulgar acude al reino del desengaño y se abandonan con todo su ser olvidándose de sí mismo a la necesidad de amar y por magia o milagro olvidar por completo lo ocurrido, porque ciertas naturalezas delicadas y sensibles están dominadas por una prudencia que les impide dar rienda suelta a sus sentimientos. Se ven acorralados por el pavor místico. Siendo así las cosas no podemos descartar la idea existencial, aceptar los dones de nuestra existencia. Tal como lo propone el libre albedrío, existir y asumir entonces que, ante un Dios que no da respuestas y cada acto que realizamos no implica un cambio cósmico en el universo, así como tampoco espiritual, espiritual no desde el punto de vista religioso sino apuntando al alma humana. Por lo que nos veríamos obligados a asumir entonces que las cosas y el hombre no cambian, es nuestra postura frente a ellos en el día a día, que podría modificar un acto o no, asumir que mucho de esto es absurdo, lo que  no implica que no se pueda llegar a una vida plena, aunque pronto volvamos a someternos.



Esequiel Odizzio


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