domingo, 29 de marzo de 2026

Gobernados Por el Absurdo por Esequiel Odizzio

Gobernados por el Absurdo

¨Y finalmente, ese afán de los corazones ingenuos, de ponderar a quienes los rodean                                                         exagerando sus virtudes, alabando demasiado a los hombres, sus cualidades, creyéndolos mejor de lo que son en realidad. Al atribuir al prójimo mas de la cuenta se sigue el desencanto¨.                                                                                                                           Fiódor Dostoievski.

Vivimos en un país donde lo insólito se volvió costumbre. Donde los políticos —aquellos que llegaron por la voluntad popular— parecen haberse olvidado del camino de regreso hacia ella. Gozan de beneficios, inmunidades y comodidades que el ciudadano común jamás va a conocer. Tal como mencionaba el ganador del Premio Nobel de Literatura 2025 László Krasznahorkai. ¨Así que pensé que debía ir a vivir entre los más pobres y oprimidos, porque evidentemente bajo el comunismo (por ejemplo), continuaban oprimiendo a las mismas personas, que siempre han sido oprimidos bajo todos los sistemas, -es decir; -aquellos que aparecen en la vida sin un nombre y viven sus vidas, crían a sus hijos, trabajan, mueren, desaparecen y son reemplazados por los siguientes y así sucesivamente durante los siglos. Entonces los comunistas llegaron prometiéndoles a estas personas, que ellos finalmente obtendrían justicia, pero no la obtuvieron. Siguen siendo tan oprimidos y miserables como los pueblos humillados que retrató Dostoievski¨. Mientras el pueblo, el mismo que los sostuvo con su voto y su esfuerzo, sigue esperando que alguna vez gobiernen pensando en él. Es el absurdo perfecto: los representados trabajando para sus representantes.

El problema no es solo la corrupción ni la ineficiencia, sino la normalización del privilegio. Hemos aprendido a mirar con resignación cómo quienes deberían rendir cuentas se reparten honores, dietas y fueros, mientras el ciudadano común paga impuestos que nunca se traducen en dignidad. El sistema se sostiene porque todos, de algún modo, participamos del engaño: unos desde la comodidad del poder, otros desde la costumbre de obedecer. Así, el absurdo se vuelve estructura, y la injusticia, paisaje.

Quizás el verdadero poder no esté en los palacios ni en los despachos, sino en la conciencia de quienes siguen creyendo que todo puede cambiar. Pero mientras el pueblo siga mirando desde abajo a los que deberían estar a su lado, seguiremos girando en este carrusel de privilegios y promesas vacías.

Lo mas temible, es ese afán también, por ¨desunir¨, porque se está de un lado o se está del otro, se suele ser mal mirado por manifestarse de un Partido Político, pero esto resulta que sirve; se puede observar que en lugar que los desdichados políticos son sumamente egoístas, crueles, injustos, maliciosos e incluso menos capaces que los tontos de entenderse uno al otro. En lugar de unir, la desdicha separa a las personas, y hasta allí donde parecería que los seres humanos debieran estar unidos por el sufrimiento común, se llevan a cabo muchas mas crueldades e injusticias que en un medio relativamente feliz. ¨Los seres mas insoportables, los más difíciles de tratar, son estas personas sumistas y desdichadas. En ellos todo queda impune. Cuando el hombre desdichado, en respuesta a una recriminación merecida, mira con ojos en que la conciencia de su culpa se refleja, sonríe de manera dolorosa y aproxima con docilidad la cabeza, da la impresión de que la justicia misma no es capaz de alzar la mano en su contra¨.

Existe algo muy preocupante en todo esto, que no se puede dejar al margen a las personas vulgares, son muchas veces, los mas numerosos y esenciales eslabones en la cadena de los asuntos políticos y por lo tanto si se prescinde de ellos, se pierda el encanto. Porque la verdadera naturaleza de ciertas personas vulgares consiste en su perpetua e invariable vulgaridad y a la rutina diaria. Esto no deja exento a ninguna clase social.

¨Porque a varios de estos individuos de arrogante aspecto, se los reconoce pronto como pertenecientes a la raza de los rateros elegantes, que infectan todas las ciudades y pueblos. Por lo general son de clase media con verdadera curiosidad y es difícil imaginar cómo podrían ser confundidos con unos caballeros por los propios caballeros. Los puños de sus camisas asoman demasiado y su aire de excesiva franqueza los traiciona enseguida¨. Evidentemente es muy aristocrático el fingir que se ignora la suciedad de esa chusma y del medio en que evoluciona. Algunas veces también resulta distinguido hacer lo contrario. Fijarse, observar los manejos de esa gentuza, examinarla incluso a través del monóculo, pero afectando que se contempla a esa multitud sórdida como una distracción, como una comedia destinada a divertir al espectador. Este concepto aplica para quienes presumen y pasan la vida atrás de estas personas en busca de algo, que suele ser encajar, escalar en la escala de nivel social, entre otras. Y, aunque la casta política, aun así, los mire desde arriba, allí están condenados a la eternidad.                                                                                        Exentos quedan los verdaderos caballeros, ¨no son muy numerosos, para un caballero, los espectáculos dignos de interés. 

Precisamente en países menos desarrollados es donde se ve con mas frecuencia esto de idolatrar a los que aparentemente están por encima nuestro. No nos asombra cuando vemos este ¨ascenso¨ en conocidos, que de la noche a la mañana pasan a ser señores. Debe ser la claridad, que los encegueció.

¨Pobres gentes¨. -La que aun tiene esperanza de por arte de magia su vida cambie para bien de una vez y para siempre. Porque esos, los mas infelices y que forman parte del olvido, no solo de los políticos, sino también de la horrenda sociedad que asumió que su vida está solucionada, sobre todo a partir de la clase social media baja, de ahí en adelante, se los puede ver, con su mano izquierda, tirar cosas por encima de su hombro derecho, pobres tontos, pobres diablos.

Lo único que queda en el hermoso mundo de hoy, independientemente de los atolondrados, que entran en cólera si ven en peligro algo de lo que asumen que les pertenece son capaces de matar, porque no hay peor cosa que la gentuza de clase media con altas aspiraciones a la alta. La idiotez humana es indescriptible, y no se acredita como, aun así, estos seres son tan totos que ¨nunca pueden oler al diablo, ni si hace popo en su nariz¨.

 ¨ ¿No será pecado aguantar­? -Que decidan de una vez derramar¨.

Mientras tanto los de abajo miran hacia arriba muy de vez en cuando, asumiendo que hay poco para esperar de allí.

"¡Ay, amigo mío! La desgracia es una enfermedad contagiosa. Los desgraciados, los pobres, tenemos que estar apartados los unos de los otros, para no agravar la infección."

 

 

                                                                                                                                                                Esequiel Odizzio

 

 

 

 


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